El viaje que cambió la percepción de la vida

  Podemos decir que el cambio en la forma de considerar las especies comenzó a forjarse en el viaje que llevó al importantísimo naturalista Charles Darwin a replantearse el origen de las especies, esto se debió al exótico mundo que Darwin se encontró en las Galápagos y Sudamérica y más tarde en Nueva Zelanda, Australia y Tasmania hasta completar su vuelta al mundo; un mundo natural imposible de concebir en la mente humana de la época.

El viaje del Beagle

   Debemos situarnos en el contexto. Darwin realizó un viaje de cinco años. Zarpó de Plymouth el 27 de Diciembre de 1831 y volvió el 2 de octubre de 1836. Darwin viajó como naturalista anotando exaustivamente todo dato de interés. Cabe destacar que la férrea convicción creacionista del capitán Fitz, capitán del Beagle,  lo incitó aún más a buscar otra teoría sobre la evolución. Aprobechando las investigaciones cartográficas, Darwin comenzó a autoconvencerse de el posible hecho de una evolución progresiva a ambos lados del océano y que podría emparentar a numerosas especies.  Es difícil saber cuáles fueron los datos que Darwin consideró más importantes, pero parece ser que sus observaciones sobre la diversidad de especies de las Galápagos resultaron ser un factor determinante a la hora de crear sus teorías evolutivas. Darwin comenzó a asimilar estas teorías a partir de la observación de especies parecidas pero posiblemente diferenciadas debido al aislamiento o a la distancia, como el caso de las diferentes tortugas e iguanas en las Galápagos o los picos de los pájaros y su evolución en la isla de San Cristobal. Esto se debía a que los diferentes animales habían adaptado su fisonomía a las particularidades de la isla. A Darwin le intrigaban muchos estas singularidades geográficas. En el paso por Nueva Zelanda y Australia, sus teorías no hicieron si no confirmarse, sobre todo mediante fósiles de aves. Una de sus estudios determinantes a la hora de justificar esta evolución y que recogería en su gran obra “El origen de las especies” fué el análisis de los picos de los pinzones, que se habían adaptado según su zona de alimentación.

  Al final de su viaje tras estos y otros muchos datos, Darwin llega a la conclusión de que si se tiene en cuenta el parentesco de la totalidad de los animales del mundo, cómo forman grupos y como se distribuyen geográficamente y como varían, aunque sea un poco, de un sitio a otro, se hace muy difícil concevirlos como especies fijas e invariables. Su llegada a Plymouth y la posteir enunciación de sus teorías fué mucho más duro que su viaje. Lo tacharon de loco, mentiroso, su teoría fué envuelta en escándalo y aún más cuando tocó el tema de que tal vez el ser humano no fuera un ser superior y único, cosa indiscutible en aquellos días. El marabilloso viaje que realizó fué sólo el comienzo de la vida de un visionario que sacrificó su calidad de vida para defender una teoría que desde aquella ha cambiado el modo de ver la vida en el planeta. Quién se lo iba a decir en 1831 a un joven Darwin que se embarcaba por recomendación en el Beagle; esos cinco años en los que recorrió el mundo resultaron a la postre determinantes en su obra.